jueves, 17 de julio de 2014

¡Elogio a la Lentitud!


 2da Pedro 3:1-9.
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza” 2da Pedro 3:9.




Si hubiese un concurso para determinar cuál es la virtud más popular, sospecho que “rápido” derrotaría a “mejor”. Muchas partes del mundo parecen estar obsesionadas con la velocidad. Sin embargo, la locura de lo “rápido” nos está conduciendo RÁPIDAMENTE A NINGUNA PARTE.


“Ha llegado la hora de poner un freno a nuestra obsesión de hacer todo con más rapidez”, dice Carl Honoré en su libro ELOGIO DE LA LENTITUD. “La velocidad no es siempre la mejor política”.


Según la Biblia, tiene razón. Pedro advirtió que, en los últimos días, la gente dudaría de Dios porque parece lento (“retarda”) en cumplir su Promesa de regresar. No obstante, también señaló que Su aparente lentitud es algo bueno.

En realidad, el Señor está demostrando su Paciencia al dar más tiempo para que la gente se arrepienta (2da Pedro 3:9), y también al ser coherente con Su carácter, que es paciente o tardo para la ira (Éxodo 34:6).


Nosotros también debemos ser lentos para enojarnos y para hablar (Santiago 1:19). Según Santiago, la “prontitud” está reservada para nuestros oídos. Se supone que debemos ser rápidos para escuchar. Piensa cuántos problemas podríamos evitarnos si aprendiéramos a escuchar (escuchar en serio, no sólo parar de hablar) antes de decir algo.


En nuestro apuro por alcanzar las metas y cumplir con los plazos, acordémonos de acelerar los oídos y desacelerar el temperamento y la lengua.


CUANDO ESTÉS A PUNTO DE PERDER LA PACIENCIA CON ALGUIEN, RECUERDA LO PACIENTE QUE HA SIDO DIOS CONTIGO… 

Hasta pronto.

miércoles, 9 de julio de 2014

¿En quién realmente estamos confiando?


Siempre decimos que en las crisis se conocen quién realmente es tu amigo, con quién o quiénes cuentas, pero al final, tus amigos y hasta tu propia familia, no podrán estar a tu lado las 24 horas del día, ni todos los días de la crisis. 
¿Nos desplomáremos en el momento que el abrazo o la palabra de aliento desaparezca? ¿Nos alcoholizáremos o nos torturáremos en el momento que la llamada telefónica termine? ¿Qué podemos hacer cuando estamos en el ojo de la tormenta y miremos hacia todas partes y no haya nadie que pueda levantarnos el ánimo?

Con mis interrogantes no quiero desmeritar ni mucho menos echar a tierra las palabras y gestos de apoyo de esos amigos y seres queridos cercanos que con sincero corazón, han tratado de levantarme o de levantarte en la adversidad; al punto que quiero llegar es al del título de este blog: ¿En quién realmente estamos confiando? 
Si estoy confiando en que la solución a mi problema económico, familiar o sentimental vendrá de la llamada de un ser amado, o de lo que el dinero de un amigo pueda comprar o pagar, o de que alguien abogue por mí en un conflicto familiar o sentimental, pueden ponerle la firma que la situación está perdida; porque el poder y alcance de nuestros amigos, familiares o seres allegados es FINITO, IMPERFECTO y en ciertos casos, CONDICIONAL.

No voy a negar lo bien que se siente sentir cerca a alguien que se identifica con mi dolor, con mi necesidad, y que quizás en sus posibilidades puede ser parte de la solución, pero mi punto va dirigido en la batalla personal que tenemos que librar con nosotros mismos, contra nuestras creencias y contra nuestra actitud.

Si crees que el amigo, el familiar o el gobierno podrá con lo que te afecta, estás perdido... La ayuda, la verdadera y efectiva ayuda viene de lo alto y de ti. De lo alto porque solo Dios, y atención y con mayúscula sostenida: DIOS; no una fuerza superior o un ser supremo, DIOS. Solo él y nada más que él tiene el poder de cambiar la situación difícil en una rotunda y continua bendición. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Con quién? Él lo sabe. Cuántas veces hemos sido tan injustos en pensar que la solución de mi último problema vino de mi amigo, de mi ser querido, del gobierno, de un golpe de suerte, de mis habilidades y destrezas, cuando en la realidad fue la providencia divina... Si decidimos consultar a Dios antes que al amigo o a la familia, te aseguro que recibiremos paz y confianza para creer en una pronta y efectiva solución; por eso les decía que la verdadera y efectiva ayuda viene de Dios y de ti, porque el propósito y anhelo de Dios es verte bien, pero dependerá de ti que esa providencia se manifieste en ti; dependerá de tu actitud y de tus acciones.

Es fácil quejarse, es fácil pasarse llorando todos los días, es fácil llamar a todos y esperar palabras de consuelo, pero es de personas EXTRAORDINARIAS y VALIENTES mirar hacia arriba, acudir al que todo lo puede y emprender acciones creyendo en la providencia divina. Indiferentemente de tu denominación religiosa, no puedes esperar viento a favor si decides sacar a Dios de tu vida, no puedes esperar resultados positivos si te dejas dominar de la queja y la auto-conmiseración.

Te invito hoy a confiar junto a mí en que Dios tiene algo mejor para nosotros, te invito a cambiar tu actitud ante la adversidad y a cambiar tu discurso por uno donde Dios suene más seguido y con más fuerza, un discurso donde el "hubiera" o el "si tuviera" le dé lugar al "yo estoy haciendo", "estoy creyendo", "voy a ver", "estoy viendo".

Lo mejor está por venir.

Saludos,

Jonathan Santana.