jueves, 28 de noviembre de 2013

Millonario...
 
¿Alguna vez has divagado durante minutos con el pensamiento: Si yo fuera millonario...? Yo sí, lo he de confesar... He suspirado y hecho asombrosos planes pensando en qué haría si hipotéticamente, yo recibiera una herencia, o si tuviera más de 8 ceros después de un 1 en mi cuenta bancaria, o si ganara un premio millonario... Creo que me entienden, todo lo que fantaseamos al decir: "...si yo fuera millonario...".
 
¿Es el dinero motivo de felicidad? Por supuesto que sí. No puedo ser hipócrita y decir que no. Con dinero podría resolver un montón de vicisitudes presentes y hasta futuras; sin embargo, el tener mucho dinero ¿debería ser el todo del hombre? La respuesta es un rotundo NO. Si tener dinero significa privarte de una sonrisa, caricia o palabra de tus seres amados, ¿para qué tener todo el dinero del mundo? Si tener dinero significa perder la salud por el estrés, la ansiedad y la codicia, ¿vale la pena acumular riquezas?
 
Soy partidario de que siempre se puede estar mejor de lo que se estuvo ayer, que el problema no es el dinero sino "el amor" al dinero, o sea, la codicia y el egoísmo.
 
Hoy en día, no tengo más de 8 ceros después de un 1 en mi cuenta bancaria, no creo estar nominado a una jugosa herencia, ni mucho menos, puedo soñar con un premio millonario, pero "aunque usted no lo crea...", soy MILLONARIO, y sin que suene a cliché, mis riquezas reciden en el amor incondicional y abnegado de mi madre, hermana y sobrina, residen en amigos que son más familia que muchos parientes de sangre, residen en compañeros de trabajo que con su apoyo, regaños, discusiones y colaboración me hacen sentirme y saber útil.
Mis riquezas residen en alguien que me amó y me enseñó a amar, y aunque ya partió al cielo, su recuerdo me acompaña todos los días.
Mis millones reciden en el aire y pulmones que me ha dado Dios para respirar, residen en mis pupilas que me permiten capturar en la mente la hermosa naturaleza que me regaló el Creador, residen en esta mi piel, que me permite sentir y disfrutar de una caricia, de un beso, de un apretón de manos, de un afectuoso abrazo, residen en mi cerebro, en mis emociones, en mis sentimientos, en mis impulsos y en mi fe, sí en mi fe: Fe en que todo lo puedo en Cristo que me fortalece, fe en que algún día veré mis sueños hechos realidad, fe en la gente, fe en que con mi vida o con mi muerte, alguien puede motivarse a luchar...
 
Amigos y amigas... ¡Soy MULTIMILLONARIO!

domingo, 17 de noviembre de 2013

¡Dolor es Dolor!
 
¿Has sufrido o estás sufriendo por una enfermedad? ¿Te han roto corazón? ¿Te han despedido o te has visto en la necesidad de renunciar a un trabajo? ¿Has perdido un ser querido? ¿Te ha traicionado un amigo? Si tu respuesta a una o varias de las preguntas es Sí, bienvenido al club de los seres humanos que hemos sufrido, que estamos sufriendo y que en algún momento sufriremos... El sufrimiento es parte de la vida.
 
No hay categorías de dolores, todos producen los mismos efectos; la zozobra que siente alguien que perdió su trabajo, es la misma que siente quien espera el resultado de un diagnóstico médico. Igual miedo sufre quien tiene cáncer que aquella a quien su esposo abandonó con un hijos o varios sin ningún apoyo económico y emocional. La misma desesperación que siente aquel que perdió un ser querido, es la misma que siente quien fue diagnosticado con SIDA.
 
No es sano que menosprecies el dolor de otros o tu propio dolor; reconocer el dolor que estás sufriendo es el primer paso para tu sanidad. Lo peor que podemos hacer es obviar o minimizar el dolor. Todos sentimos y sentiremos dolor; lo que hagamos con el dolor es lo que marcará la diferencia. 
 
Es claro que pasamos y pasáremos dolores, pero ¿dejarás que el dolor te detenga? ¿Dejarás que trunque tus sueños? ¿Dejarás que te robe la alegría?
 
Después de mi diagnóstico (bueno mi "múltiple diagnóstico" dado que los doctores de Costa Rica aún no dan con el porqué a mi cuerpo se la ido la fuerza para saltar, correr, caminar y levantarme, y que mi funcionalidad digestiva, sensitiva, cardíaca, respiratoria y reproductiva sigan intactas) creí que ya para mí no habría esperanza, sino una lenta y dolorosa caminata a la muerte (como lo mencioné en el post "Dios tiene el Control"), pero cuando tuve ese encuentro conmigo mismo y con Dios, mis perspectivas frente al dolor cambiaron; ya no podría bailar, correr detrás de un autobús, jugar volleyball o jugar "twister", pero sí podría estudiar una carrera universitaria, motivar a otros, llevar un mensaje, ser alguien que vive, no un muerto en vida.
 
Desde el 2007 pido por un milagro, aún no lo he recibido, y en ocasiones me he sentido frustrado, dudoso de mi fe y de mis convicciones; sin embargo, un día escuché de Nick Vujicic que "si no hay recibido un milagro, conviértete tú en uno". Desde ese momento lucho por ser un milagro para alguien, y creo firmemente que ese es uno de los caminos que Dios me ha dado para mi sanidad, y cuando digo sanidad, no me refiero solo al estado de mis músculos y conexiones nerviosas, sino que también a un estado de bienestar físico, mental y del alma.
 
Dios ha usado a tantas personas para mi sanidad; desde la asistencia, regaño, soporte y amor de mi madre, hermana y sobrina, desde el generoso y excepcional hombre que Dios ha utilizado para abrirme la puerta para tener un empleo remunerado, los amigos que con sinceridad demuestran su cariño y preocupación por mis asuntos, los hombres que el Señor me ha permitido liderar en la iglesia, el extraño que abre la puerta para poder ingresar a un banco o institución, los que de forma anónima oran e interceden a Dios por mí; como ven, el dolor por la discapacidad motora, no ha impedido que tenga calidad de vida, y lo mejor, me ha impulsado a soñar y a creer más.
 
No les niego que a veces el dolor me paraliza, me asusta y me agobia, pero me escondo un momento, respiro, establezco prioridades, hago una oración y vamos de nuevo. No es aparentar, no es fingir que todo está bien, es darle más valor a lo hermoso que es vivir, y hacer que cada día valga la pena.
 
La vida es hermosa, aún con el dolor y la adversidad...
 
Si te dan una razón para llorar, dales mil razones para vivir y para sonreír también.
 
Hasta pronto,
 
Jonathan.
 
 
 

sábado, 16 de noviembre de 2013

¡Dios tiene el control!

¿Has pensado alguna vez que lo que te ha ocurrido es el fin? ¿Has querido morirte porque crees que no vas a superar lo que te está doliendo hoy? Yo te entiendo...

Cuando el 08 de marzo de 2005 me dijeron que mi cuerpo iría perdiendo la fuerza paulatinamente hasta llegar al punto en que mis pulmones y corazón se "dormirían" y que mi deceso se debería a un paro cardio-respiratorio, no fue uno de los mejores días de mi vida... y si le sumamos a la trágica noticia, los ojos de una madre (la mía) a punto de explotar en llanto, mis amigos y amigas les confieso que en ese momento quería que un bloque del techo de ese pequeño y sombrío consultorio del hospital cayera sobre mí y cortara mi existencia de un solo golpe.

Podía aceptar mi sentencia, ya que mis últimos años antes de esa noticia no eran motivo de orgullo, había desperdiciado parte de mi juventud en una vida sórdida y vacía, pero lo que no podía aceptar y me odiaba por eso, era causarle el mayor dolor a la mujer que me había dado la vida, a la que había luchado contra todo y contra todos para que yo existiera, eso señoras y señores, no me lo perdonaría...

En ese mal iluminado pasillo de hospital, mi madre me miró y solo dijo cuatro palabras que hasta hoy continúan retumbando en mi cabeza: ¡Dios tiene el control! En ese momento me pareció incomprensible, hasta ridículo, pero años después tiene una gloriosa lógica.

Los meses siguientes fueron todo un tormento. Ya no pude trabajar, llamadas iban y venían para conocer mi condición, y yo no quería recibirlas. Mi masa muscular comenzó a disminuir; tenía que caminar con ayuda; me atacaban las miradas de lástima y compasión; mi enfermizo orgullo hizo su aparición, inyectándome cada día de amargura y resentimiento... ¿qué Dios tiene el control? Patrañas. ¡Dios se olvidó de mí!
 
No soportaba ver a nadie feliz, vivaz, saludable. Hice de todo para que nadie que estuviera a mi alrededor sonriera, echaba a perder sus tiempos de comida, sus buenas noticias y sus triunfos, todo porque yo lo había perdido todo: mi autonomía, mi buen aspecto físico, mi dinero, mis "affairs", según yo, había perdido mi "libertad".
 
En tal estado amargura y sucidio social, varias veces pensé en quitarme la vida: dejaba de tomar los medicamentos, o me tomaba mayores dosis que la prescripta, cuando perdía la fuerza en mis piernas, me dejaba ir procurando caer de cabeza para desnucarme, pero no, todos los intentos fueron fallidos.
 
Estando en esa condición, me invadió un nuevo mal: una infección hepática y en los riñones. Esto era el tiro de gracia, que tantas noches había pedido, pero no, esto no era mi redención. A pesar de mi resentimiento y enfado con Dios, siempre he sido consciente de que hay un cielo y un infierno, y alistándome para partir de este mundo, comencé a nombrar cada fantasma de mi armario en busca de que me perdonara el Ser con quien más estaba enojado en el mundo. Sintiéndome en paz para morir, una voz en mi corazón susurró diciendo: ¿y tu familia? ¿quién la sostendrá?

Del 2000 al 2007 había pensado en mí, solo en mí y en nadie más que en mí, pero en ese instante las personas que desterré de mi mente y corazón, comenzaron a volverse una preocupación y una necesidad. Es entonces, cuando pido una oportunidad más para enmendar viejos errores, rogándole a Dios que me permitiera vivir; clamando por la vida me dormí profundamente.
Al día siguiente, el calor de la mañana me despertó y para mi sorpresa: ¡Estaba vivo! La fiebre había cedido, el apetito retornó y mis riñones habían producido la orina más cristalina que jamás había visto. ¡Dios me había dado esa oportunidad!

Desde ese 13 de agosto de 2007 lucho incansablemente por vivir, por ser alguien de quien mi familia se sienta orgullosa, por ser inspiración para aquellos que quieran rendirse, procurando darle calidad de vida a mi cuerpo y a mi alma.

No niego que en ocasiones quiero tirar la toalla, rendirme, pero saber que mi existencia obedece a un propósito divino, me hace cada día volverme a levantar. No quiero que me mal interpreten, no quiero que piensen que soy altivo, vanidoso o arrogante al decir que sé que alguien en este mundo necesita de mí, porque han de saber que ustedes y yo somos observados constantemente; ellos y ellas están esperando que tú y yo nos rindamos para ellos tener una excusa para renunciar, también esperan que te levantes y triunfes para decir: Si él pudo ¡Yo también puedo!

Hoy estoy convencido que las palabras de mi madre ese 8 de marzo de 2005 son una rotunda y absoluta verdad: ¡Dios tiene el control! Todo lo malo, horrible y trágico que me ha pasado, él lo utilizó para hacer algo MARAVILLOSO y EXTRAORDINARIO.

La fe no es solo la denominación religiosa a la que perteneces, o un momento de milagros, la fe es la actitud que tomas ante la adversidad, es la antítesis del temor, es el ancla que impide que el mar de la incertidumbre te haga naufragar.

Te invito a creerle a Dios y a creer que tu vida no es una casualidad, un producto del azar o una mala decisión, tu vida es parte de un engranaje. Dios te necesita, yo te necesito, el mundo te necesita.

Hasta pronto,

Jonathan Santana.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Prueba no superada...es Prueba Repetida!
 
Te has preguntado: ¿por qué me sigue pasando esto o aquello? ¿por qué sigo equivocándome con lo mismo? Quizás sea porque no has superado una prueba. Cuando en la escuela, secundaria o universidad repites una asignatura o curso, es porque no obtuviste el porcentaje necesario para pasar al siguiente nivel. Con la vida sucede lo mismo; si no has superado una discusión, una ruptura amorosa o si no has perdonado un agravio, tarde o temprano la vida te volverá a enfrentar con lo mismo o algo similar hasta que aprendas a perdonar, a dejar ir, o mejor aún, TENER PAZ y no siempre tener la razón.
 
Si no logras vencer un vicio, un mal recuerdo o una tentación, cuando venga la incitación a practicar algo que daña tu mente, alma y cuerpo no podrás superarlo porque no lo venciste antes, y repetirás y volverás repetir el error.
 
Si no perdonas a quien te lastimó, humilló y menospreció, nunca estarás listo o lista para una nueva relación y volverás repetir una historia de dolor y humillación.
Los seres humanos somos muy dados a archivar dolores, malos recuerdos y resentimientos, en lugar de procesarlos, enfrentarlos y superarlos, y cuando una vicisitud nos lleva al límite, inmediatamente afloran viejos resentimientos, la memoria se activa y nos vemos afectados no sólo por lo que está pasando en ese momento, sino que también por lo que ocurrió en el pasado.
 
Un soldado herido, será un soldado caído. Te invito hoy a vencer tu dolor, tu resentimiento y tu debilidad, y te doy un "tip": La fuerza de voluntad no es suficiente; necesitas ayuda divina... Lo que humanamente no puedas vencer o perdonar, el amor de Dios lo hará por ti, basta con que se lo permitas.
 
No tienes porqué repitir los errores del pasado, no tienes porqué volver a pasar por el mismo dolor, cuando en tus manos está vencer.
 
Hasta pronto,
 
Jonathan Santana.
 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Hola Comunidad mundial!
 
Mi intención al crear este blog es poder compartir con todos ustedes mis experiencias de vida y las de otras personas, con el fin de que lo que he vivido u otros han vivido, me inspire, nos inspire o les inspire a encontrarle el sentido a vivir.
 
Si bien es cierto, "nadie escarmienta en cabeza ajena", los testimonios de vida pueden llegar a ser una valiosa herramienta para dar aliento y esperanza a alguien que esté pasando por situaciones difíciles iguales a las que nosotros pasamos o hemos pasado, o aún peores.
 
Espero pronto tener sus comentarios, y si lo tienen a bien, poder contar algunas de sus experiencias, pruebas superadas, pruebas que estén enfrentando o una palabra de aliento para su servidor, para aquellos que ingresen a este blog.
 
Recuerden: "Somos parte de un todo, lo bueno o malo que hagas, siempre afectará a alguien".
 
Con cariño,
 
Jonathan S.