domingo, 17 de noviembre de 2013

¡Dolor es Dolor!
 
¿Has sufrido o estás sufriendo por una enfermedad? ¿Te han roto corazón? ¿Te han despedido o te has visto en la necesidad de renunciar a un trabajo? ¿Has perdido un ser querido? ¿Te ha traicionado un amigo? Si tu respuesta a una o varias de las preguntas es Sí, bienvenido al club de los seres humanos que hemos sufrido, que estamos sufriendo y que en algún momento sufriremos... El sufrimiento es parte de la vida.
 
No hay categorías de dolores, todos producen los mismos efectos; la zozobra que siente alguien que perdió su trabajo, es la misma que siente quien espera el resultado de un diagnóstico médico. Igual miedo sufre quien tiene cáncer que aquella a quien su esposo abandonó con un hijos o varios sin ningún apoyo económico y emocional. La misma desesperación que siente aquel que perdió un ser querido, es la misma que siente quien fue diagnosticado con SIDA.
 
No es sano que menosprecies el dolor de otros o tu propio dolor; reconocer el dolor que estás sufriendo es el primer paso para tu sanidad. Lo peor que podemos hacer es obviar o minimizar el dolor. Todos sentimos y sentiremos dolor; lo que hagamos con el dolor es lo que marcará la diferencia. 
 
Es claro que pasamos y pasáremos dolores, pero ¿dejarás que el dolor te detenga? ¿Dejarás que trunque tus sueños? ¿Dejarás que te robe la alegría?
 
Después de mi diagnóstico (bueno mi "múltiple diagnóstico" dado que los doctores de Costa Rica aún no dan con el porqué a mi cuerpo se la ido la fuerza para saltar, correr, caminar y levantarme, y que mi funcionalidad digestiva, sensitiva, cardíaca, respiratoria y reproductiva sigan intactas) creí que ya para mí no habría esperanza, sino una lenta y dolorosa caminata a la muerte (como lo mencioné en el post "Dios tiene el Control"), pero cuando tuve ese encuentro conmigo mismo y con Dios, mis perspectivas frente al dolor cambiaron; ya no podría bailar, correr detrás de un autobús, jugar volleyball o jugar "twister", pero sí podría estudiar una carrera universitaria, motivar a otros, llevar un mensaje, ser alguien que vive, no un muerto en vida.
 
Desde el 2007 pido por un milagro, aún no lo he recibido, y en ocasiones me he sentido frustrado, dudoso de mi fe y de mis convicciones; sin embargo, un día escuché de Nick Vujicic que "si no hay recibido un milagro, conviértete tú en uno". Desde ese momento lucho por ser un milagro para alguien, y creo firmemente que ese es uno de los caminos que Dios me ha dado para mi sanidad, y cuando digo sanidad, no me refiero solo al estado de mis músculos y conexiones nerviosas, sino que también a un estado de bienestar físico, mental y del alma.
 
Dios ha usado a tantas personas para mi sanidad; desde la asistencia, regaño, soporte y amor de mi madre, hermana y sobrina, desde el generoso y excepcional hombre que Dios ha utilizado para abrirme la puerta para tener un empleo remunerado, los amigos que con sinceridad demuestran su cariño y preocupación por mis asuntos, los hombres que el Señor me ha permitido liderar en la iglesia, el extraño que abre la puerta para poder ingresar a un banco o institución, los que de forma anónima oran e interceden a Dios por mí; como ven, el dolor por la discapacidad motora, no ha impedido que tenga calidad de vida, y lo mejor, me ha impulsado a soñar y a creer más.
 
No les niego que a veces el dolor me paraliza, me asusta y me agobia, pero me escondo un momento, respiro, establezco prioridades, hago una oración y vamos de nuevo. No es aparentar, no es fingir que todo está bien, es darle más valor a lo hermoso que es vivir, y hacer que cada día valga la pena.
 
La vida es hermosa, aún con el dolor y la adversidad...
 
Si te dan una razón para llorar, dales mil razones para vivir y para sonreír también.
 
Hasta pronto,
 
Jonathan.
 
 
 

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