El valor de la autenticidad
¿Cuántas veces has fingido ser quien no eres? ¿Cuántas veces has querido decir NO y has dicho sí? ¿Cuántas veces has reído cuando por dentro estabas devastado/a? Sé que al igual que yo, el número de veces ha sido impresionante, y es que el aparentar es algo que nos enseñan desde muy pequeño, ocultar sentimientos, diferencias o desacuerdos es un ejercicio desde edades muy tempranas, pero si la gente supiera el daño que causan las apariencias, serían más honestos y fieles a sí mismos.
Las familias, la escuela, la secundaria y la sociedad en general, nos entrena para no ser nosotros y ser lo que la mayoría quiere, pero a qué precio...¿cuántos suicidios? ¿cuántos homicidios? ¿cuántos sueños frustrados? ¿cuánta inercia? ¿cuánta infelicidad? ha provocado ser otro/a...
Si bien es cierto que la sinceridad, integridad y autenticidad tiene un precio muy alto, los réditos son los mejores en comparación a una vida de caretas y mentiras.
Dios nos hizo con caracteres físicos, sexuales, psicológicos e intelectuales diferentes; nos hizo únicos, iguales en respeto, protección, libertad, dignidad y amor, pero únicos en talentos, dones, sentimientos y temperamentos, con el fin de que nuestra vida y la vida de los demás, se complementen, y no idénticas.
Procura rodearte de personas que sean auténticas y con las que puedas ser auténtico/a, personas con que si deseas llorar, lo puedas hacer, que si debes decir la verdad, por más cruel que sea, la puedas decir; busca personas que aún en tus peores días, quieran seguir a tu lado, y no aquellos que solo son compañeros/as en la risa, la fiesta y la bonanza, y que desaparecen cuando la dificultad se acerca, pero sobre todo, procura ser fiel contigo mismo/a, no te engañes queriendo ser quien no eres, no te lastimes desgastando tus años y recursos en agradar a aquellos que solo quieren algo de ti y no a ti. No te llames BASURA, porque de más de 40 millones de espermatozoides, fuiste tú quien fecundó el óvulo de tu madre; desde la concepción traes casta de CAMPEON/A, y cuando te llamas "basura" estás despreciando a la más maravillosa creación de Dios.
Sé tú mismo/a, porque como tú no hay nadie igual...
Hasta pronto,
Jonathan S.
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